lunes, 14 de diciembre de 2009

Dactilógrafo, de Mario Benedetti

Mientras escribe una carta comercial, un oficinista recuerda con nostalgia su ciudad natal, la ciudad verde y con tranvías que fue Montevideo (Uruguay) en una época definitivamente terminada. En el poema, el pasado se carga de sentimiento por comparación con el presente: con su vida gris y vacía de adulto, encadenado a la mesa de un despacho que destila sensación de fracaso y frustración.



Cuando era pequeño, tenía toda la vida por estrenar, todo era un buen motivo para jugar y explorar, todo invitaba a ser libre y a ser feliz. Hoy, aquel Montevideo verde y con tranvías ya es irrecuperable y sólo le sirve para evadirse de la la triste realidad. Mientras teclea en la vieja máquina, piensa en los días y noches de entonces: los libros, la madre, los miedos nocturnos...

Así, de forma muy brillante, mezclando hábilmente dos discursos y dos planos muy distintos (presente/ pasado, carta/ recuerdo, lenguaje formal/ lenguaje coloquial, color/ blanco y negro), el poeta construye un juego textual que es a la vez un viaje al pasado feliz de un niño lector y curioso, y un compromiso firme con la propia historia de Montevideo, esa ciudad que se fue y que se añora, ese lugar misterioso y afable, lleno de encanto y de belleza, del que sólo quedan restos como de un naufragio.

El vídeo, fragmento de un documental sobre el poeta Mario Benedetti y su obra, nos ofrece imágenes de su ciudad en dos épocas diferentes: la de los tranvías de los años 30 y la de los vulgares autobuses de  la década de los 50 y de hoy.

Dactilógrafo

Montevideo quince de noviembre
de mil novecientos cincuenta y cinco
Montevideo era verde en mi infancia
absolutamente verde y con tranvías
muy señor nuestro por la presente
yo tuve un libro del que podía leer
veinticinco centímetros por noche
y después del libro la noche se espesaba
y yo quería pensar en cómo sería eso
de no ser de caer como piedra en un pozo
comunicamos a usted que en esta fecha
hemos efectuado por su cuenta
quién era ah sí mi madre se acercaba
y prendía la luz y no te asustes
y después la apagaba antes que me durmiera
el pago de trescientos doce pesos
a la firma Menéndez & Solari
y sólo veía sombras como caballos
y elefantes y monstruos casi hombres
y sin embargo aquello era mejor
que pensarme sin la savia del miedo
desaparecido como se acostumbra
en un todo de acuerdo con sus órdenes
de fecha siete del corriente
era tan diferente era verde
absolutamente verde y con tranvías
y qué optimismo tener la ventanilla
sentirse dueño de la calle que baja
jugar con los números de las puertas cerradas
y apostar consigo mismo en términos severos
rogámosle acusar recibo lo antes posible
si terminaba en cuatro o trece o diecisiete
era que iba a reír o a perder o a morirme
de esta comunicación a fin de que podamos
y hacerme tan sólo una trampa por cuadra
registrarlo en su cuenta corriente
absolutamente verde y con tranvías
y el Prado con caminos de hojas secas
y el olor a eucaliptus y a temprano
saludamos a usted atentamente
y desde allí los años y quién sabe

Mario Benedetti: Poemas de la Oficina, 1956.

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